“Tengo mucha curiosidad por todo”


Mª Fuensanta Guaita Sánchez,
es la usuaria de mayor edad con carné de la Biblioteca. A sus 93 años sigue siendo una gran lectora, y aunque ahora ya sus piernas no la dejan acudir personalmente a la Biblioteca, ha autorizado a su hija para que le lleve los libros y películas a casa.


Le preguntamos en su domicilio por su afición a la lectura y las bibliotecas.


P. Fuensanta, los jóvenes dirían que tiene usted un apellido “guay”.
R. Ja, ja, ja. Los jóvenes más bien me verán ya como de otra galaxia.


P. Lo que de verdad es “guay” es que con 93 años esté como una rosa y sea

una leona.
R. Sí, leo más de lo que imaginas. Y le pido a Dios que me conserve la vista. Leo mucho y coso mucho. Acabo de releer Los cipreses creen en Dios y me ha costado trabajo porque tiene letra pequeña y más de 800 páginas. Antes de este había leído Yo, el rey de Vallejo-Nájera. Me gusta la literatura sana, como los corazones sanos.


Y como los ancianos necesitamos dormir menos, desde las 12 de la noche hasta las 4 de la madrugada siempre estoy leyendo.


Durante el día leo y coso. Ahora acabo de bordar un juego de cama para cuando se case mi nieto Jorge.


P. ¿Qué está leyendo ahora?
Tengo entre manos Memorias de Adriano de Margueritte Yourcenar y La señora Dalloway de Virginia Wolf, las dos prestadas por la Biblioteca.


P. ¿Qué ventaja tiene para usted la Biblioteca?
Como tengo muchos libros en casa, gracias a la Biblioteca estoy al día. Leo una revista o periódico y me intereso por las novedades, que pido a la Biblioteca y mi hija Santica me los trae. Mi hijo Pepe me recomendó La pólvora y el incienso que habla muy ecuánimemente sobre la Guerra Civil y no estaba en la Biblioteca, pero lo compró inmediatamente.


P. ¿Cuándo empezó a leer?
R. Muy pronto, porque a los cuatro años ya sabía leer. En casa de mis padres teníamos muchos libros y un hermano de mi padre muy inteligente, sacerdote, también. Teníamos todos los clásicos grecolatinos. En ellas también se formó como lectora mi hermana Pepita, que tiene 90 años, y aún no he conseguido que se haga el carné de la Biblioteca, porque ya no le caben los libros en casa, pero sigue comprando.


P. ¿Qué le parecen las bibliotecas actuales?

Envidio con toda mi alma las bibliotecas de ahora, porque he sido ratón

de biblioteca.


A la Biblioteca Regional me llevaron mis hijos y la recorrí entera. Me quede alucinada. Envidio con toda mi alma la juventud, que tiene ahora a su disposición algo así.


P. El primer recuerdo de una biblioteca
La primera que recuerdo es la del Casino, aunque de ella no se podían sacar libros en préstamo. La universitaria tardó algún tiempo en formarse. Por tanto, la del Casino era la única que teníamos a mano. Había una Popular en el barrio del Carmen, pero me quedaba más lejos.


P. ¿Qué diferencias ve entre las bibliotecas de antes y las de ahora.
De la pobreza absoluta, a la riqueza. Las de antes eran muy pobres. La estrella cumbre era la Enciclopedia Espasa, que no la tenía nadie en casa.
Muchos trabajos de la Universidad los hacíamos en el Archivo Municipal porque tampoco teníamos documentos en la Biblioteca Universitaria. Por ejemplo, para hacer un trabajo sobre el Puente Viejo íbamos al Archivo a consultar documentos antiguos.


P. Además de libros saca películas en préstamo.
Sí, mi hija me trae películas en DVD porque tengo una sordera muy especial. Hay un número de decibelios que me hacen daño y no puedo ir al cine, ni llevar audífono.


En la tele veo algún programa con subtítulos. Y los cedés llevan subtítulos. Y leo periódicos y revistas. Tengo mucha curiosidad por todo.


Ya vereis que siempre pido películas antiguas, aunque mi hija me trae algo de cine actual, sin yo pedirlo. Me encanta volver a ver los peinados y los vestidos de mi época. Y además me gusta ver cómo antes siempre se “cerraba la puerta” y ahora no. Es todo más explícito.